Usted está aquí

La obra de la semana #142

Virgen con el Niño y san Juanito
Lunes, 13 Mayo, 2019

La obra de la semana es 'Virgen con el Niño y san Juanito' (entre 1515-1525), del pintor de origen germánico Juan de Burgunya (documentado entre 1496 y 1525).

La pintura que presentamos esta semana es una obra renacentista singular, rica en detalles y con una lectura iconográfica bastante compleja. La historia y la procedencia de la pieza nos son totalmente desconocidas. A partir de sus rasgos estilísticos, ha sido atribuida al pintor Juan de Burgunya, uno de los numerosos artistas de origen extranjero que se establecieron en Cataluña a principios del siglo XVI.

Nacido en Estrasburgo, Juan de Burgunya llegó a Barcelona procedente de Valencia, donde había hecho estancia hasta el 1510. Aquí realizó encargos importantes, como el desaparecido retablo de Santa María del Pi o la decoración con escudos heráldicos de la sillería del coro de la catedral, lo que demuestra que era un artista bien valorado en la ciudad. También trabajó durante unos años en Girona, donde hizo el monumental retablo mayor de la basílica de Sant Feliu.

Como su título indica, la pintura protagonista de esta semana nos muestra en primer plano la Virgen sentada en un lujoso trono renacentista acompañada por su hijo Jesús y por San Juan Bautista niño, sentado a sus pies. Detrás de este grupo principal se abre un paisaje profundo y extenso lleno de escenas y detalles naturales y arquitectónicos casi miniaturísticos.

La interpretación iconográfica para el conjunto de la obra nos lo da la página abierta del libro que sostiene María, donde se puede leer un fragmento del 'Discurso de la Sabiduría' del libro de Eclesiástico o del eclesiástico del Antiguo Testamento. Este fragmento presenta la Virgen como mediadora entre la voluntad de Dios y la humanidad, gracias al hecho de haber hecho posible la encarnación de Jesús, el hijo de Dios. Por eso la escena está presidida en lo alto por Dios Padre y sobre la cabeza de la Virgen se ha dispuesto la paloma del espíritu santo. Este papel protagonista de María como mediadora de la venida de Cristo queda reforzado por las escenas del fondo, donde vemos diferentes pasajes de la infancia de Jesús donde la Virgen tiene un papel determinante.

Más allá del significado principal de la obra, uno de los aspectos singulares que llama más la atención de este cuadro es la presencia de un mono atado junto al trono de María. Este animal, inspirado en un grabado de Durero, simboliza el pecado, y el hecho de que esté ligado al trono nos indica que tanto María como Jesús están libres y lo tienen sometido. Este es sólo uno de los símbolos curiosos que se comentarán en la próxima visita del mes de los Amics del Museu Nacional, donde se hablará de 'La simbología secreta del Renacimiento y del Barroco'. ¡No os la perdáis!

Más información de la obra, aquí.

Martí Casas i Payàs (@Tinet2puntzero)