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Diario de la restauración #5

Lunes, 24 Julio, 2017

En julio del año pasado culminó con éxito la campaña de micromecenazgo para restaurar la escultura de 'El violinista' de Pablo Gargallo, desde entonces la escultura está inmersa en un proceso de restauración largo y complejo.  
En este artículo, Àlex Masalles, conservador-restaurador de materiales inorgánicos del Museu Nacional d'Art de Catalunya y Patricia Giménez, del Intitut Químic de Sarrià, nos ponen al día de las últimas intervenciones que se están realizando en la escultura. ¡Esperamos sea de vuestro interés!

El violinista: seguimos trabajando...

El proceso de restauración sigue su curso, a veces un poco ralentizado por las tareas que el día a día del museo nos impone, pero siempre intentando tomar la mejor decisión en cada paso que se da. Ahora estamos trabajando para aplicar el tratamiento más efectivo contra la corrosión del plomo pero que, al mismo tiempo, resulte el menos agresivo para la obra.

El desmontaje de la escultura nos ha permitido ver en directo por primera vez la situación real del interior de la escultura. Junto a zonas donde el plomo se conserva sin ningún tipo de alteración, encontramos otras zonas con corrosión activa que ha generado costras de carbonato de plomo de mayor o menor entidad. Además, estas costras no son siempre iguales, ya que hallamos fundamentalmente dos tipos: uno es muy compacto y duro, de poco grosor y que parece no atacar al plomo subyacente, y otro tiene el aspecto más granulado y discontinuo, y penetra de forma muy agresiva dentro de la estructura cristalina del plomo. Su localización parece responder a patrones que todavía debemos acabar de interpretar.

El mejor tratamiento del plomo, con la ayuda del Institut Químic de Sarrià

Actualmente, el doctor Salvador Borrós, junto con la doctoranda Patricia Giménez, está realizando en el IQS una serie de pruebas de los diferentes tratamientos propuestos en el proyecto de restauración, incluyendo la reducción electroquímica, que inicialmente no estaba prevista.

Por un lado, se han realizado test de microproyección para la eliminación de la costra de carbonato empleando diversos tipos de abrasivos, cuyo objetivo ha sido la selección del abrasivo más idóneo y de las presiones de trabajo más seguras. Debemos tener en cuenta que las características físicas de un metal blando como el plomo, con una alta maleabilidad, y la dureza de la costra de carbonato imponen unos parámetros muy concretos para minimizar la erosión de la superficie del plomo. Como medida de control se han analizado las superficies mediante el EDX-SEM para poder ver la textura resultante y los restos del abrasivo presentes en el plomo.

Por otro lado, se han efectuado también pruebas de limpieza química con ácido clorhídrico (método Caley) y con quelantes, que han sido descartados por considerarse demasiado agresivos.

Finalmente, se han propuesto pruebas de reducción consolidante mediante un sistema electroquímico. Estas tienen como objetivo encontrar una metodología correcta que nos permita transformar la costra de carbonato en plomo metálico a través de la transferencia de electrones desde otro metal con un potencial de electrodos menor. El voltaje y la intensidad bajos utilizados en este método posibilitan un proceso de reducción suave, y ello evita los daños mecánicos producidos por la formación de burbujas de hidrógeno durante la eliminación de la corrosión. En este sentido, es muy importante la selección de un electrolito de composición y concentración correctas, que en nuestro caso será el sulfato de sodio y probablemente a una concentración molar de 0,5.

De esta forma, se pretende evitar la formación de un agujero en la plancha de plomo, lo cual obligaría a una posterior reintegración de materia. De igual modo, se realizarán pruebas de electrodeposición para consolidar las zonas más dañadas, añadiendo plomo por la cara interna de las láminas.

La elevada reactividad de las superficies tratadas hace aconsejable su pasivación a través de la formación de nuevas especies en la superficie. En este caso, la formación de sulfato de plomo puede ser interesante por sus propiedades inhibidoras y estéticas. El estudio está en proceso de una determinación final.

Medidas necesarias para la prevención de riesgos laborales

Debido a la toxicidad del plomo y a las sustancias que de él se derivan, y por motivos de prevención y seguridad laboral, antes de iniciar el tratamiento por microproyección, el cual se prevé que durará varias semanas, se ha procedido al acondicionamiento de una zona específica del taller de restauración y a la actualización de los equipos de protección individual (EPI) con el objetivo de minimizar todo lo posible los riesgos de contaminación por plomo de los restauradores. El taller de restauración se ha dotado de un nuevo aspirador industrial y de una campana extractora cerrada por una pantalla abatible de metacrilato con un sistema de captación por aspiración, ambos con filtros HEPA de alta eficiencia. El equipo de protección individual constará de mono de Tyvek, mascarillas con filtro de partículas FFP3, gafas de protección y guantes con manga. Un test de captación de partículas realizado durante una simulación de trabajo nos confirmó la eficacia de estas medidas preventivas. Las normativas de salud pública vigentes proponen, como máximo, una tasa de contenido de plomo en sangre inferior a los 10 µgr/dl. Con análisis de sangre periódicos se controlará la exposición al plomo del conservador-restaurador que llevará a cabo el trabajo de proyección.


Detalles de los dos tipos de costra encontrados en el interior de las planchas de plomo.


Imagen del test de microproyección realizado sobre probetas de plomo carbonatadas artificialmente.

Resultado de diferentes pruebas de proyección sobre plomo carbonatado


Test de proyección con piedra pómez sobre probeta carbonatada artificialmente. Cada punto o spot corresponde al área afectada por el abrasivo durante 1, 3, 5, 7 y 10 segundos respectivamente.


Fotomacrografías obtenidas con microscopio electrónico de rastreo de la superficie de la probeta de plomo, proyectada con abrasivo de piedra pómez en polvo, donde se pueden apreciar la rugosidad resultante y restos de partículas del abrasivo utilizado.


Fotomacrografía obtenida con microscopio óptico durante la reducción de la costra de carbonato (de color blanco arriba a la izquierda) a plomo metálico (zona gris en la zona central de la imagen).


Campana de extracción modificada y aspirador industrial, los dos dotados de filtros HEPA para minimizar los riesgos de contaminación.

Podéis recordar la propuesta de actuación en el post del blog del Museu Nacional ‘El violinista’ de Pablo Gargallo: una cuestión de incompatibilidad, donde el restaurador Àlex Massalles explica los detalles de la obra, el proceso de estudio y las intervenciones que se han diseñado para restaurarla. #SalvemViolinista.