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Obra de la semana #198

Autorretrato
Lunes, 13 Julio, 2020

La obra de la semana es el 'Autorretrato' (hacia 1899) de la pintora modernista Lluïsa Vidal i Puig (1876-1918).

Lluïsa Vidal es una de las pintoras más relevantes y reconocidas del arte catalán de finales del siglo XX. Es también una de las primeras mujeres que pudo vivir profesionalmente de su arte en Cataluña. Su padre, el destacado ebanista y decorador Francesc Vidal, quiso dar a Lluïsa y a sus hermanas una educación ejemplar, especialmente en el campo de las artes, para que pudieran desarrollar una carrera y una identidad propias al margen de las de sus futuros maridos. Este apoyo familiar, insólito en la época, hizo que Lluïsa pudiera acceder a una formación artística completa y de calidad, que le permitió sacar el máximo provecho de su gran talento para el dibujo y la pintura. Lluïsa Vidal se formó con el grabador Enric Gómez y los pintores Joan Gonzàlez y Arcadi Mas i Fondevila. Además, tuvo la oportunidad de completar su aprendizaje en París -un hecho absolutamente inaudito para una mujer en la Barcelona del momento- primero en la Academia Julian y después junto al pintor simbolista Eugène Carrière.

El pequeño autorretrato que presentamos hoy fue pintado por Lluïsa Vidal justo al inicio de su carrera como artista, cuando ya se había empezado a dar a conocer con gran éxito en varias exposiciones pero todavía no había hecho la estancia de un año en París. En esta obra de juventud la artista nos transmite muy bien sus esperanzas y anhelos en el campo del arte y también la imagen y la consideración que tenía de sí misma como pintora. De entrada, lo que hay que destacar de esta obra es que es el único autorretrato conocido de Lluïsa Vidal donde se ha representado pintando. Para una artista que está haciendo los primeros pasos en un mundo dominado de manera agobiante por los hombres, representarse como pintora es una manera de autoafirmarse, tanto ante ella misma como ante la sociedad -el espectador-, a quien la pintora mira fijamente desde el cuadro con una mirada penentrante que interpela. La fuerza de la mirada queda suavizada por la sonrisa tímida de la artista y por los colores vivos y alegres del conjunto de la obra, que nos hacen pensar en una visión optimista hacia su futuro como pintora. El color rosado de la bata seguramente no es casual y podría tratarse de una reivindicación y autoafirmación de Lluïsa como mujer artista.

Desde un punto de vista técnico, en este autorretrato de juventud Lluïsa Vidal ya despliega plenamente el estilo artístico que le dará fama y que hará que sea descrita repetidamente por los críticos como una artista de pincelada "dura" y "viril" que hace que sus obras "parezcan pintadas por un hombre". Vemos perfectamente sus pinceladas rápidas, gruesas y muy marcadas, sin recrearse en los detalles, que dan a las obras una apariencia vibrante e inacabada muy próxima a la otros artistas modernistas como Ramon Casas, con quien a menudo se la compara. El retrato también destaca por el gran dominio de la luz, con intensos contrastes entre claridad y sombra, y del color, con un reparto muy equilibrado de tonos complementarios. La expresión firme y curiosa de la pintora nos muestra la gran capacidad de Lluïsa Vidal para captar perfectamente la psicología del retratado, en este caso ella misma. Este don por el retrato hará que sea uno de los géneros más cultivados por Vidal y el que más contribuirá a su independencia como artista, junto con las clases como maestra.

El de Lluïsa Vidal es uno de los autorretratos protagonistas de la 'conversación artística' que los Amigos del Museu Nacional organizamos hoy, titulada 'Autorretratos y 'selfies'. Esta conferencia en linea irá a cargo de Ana Moliner, educadora de Fragment del Museu Nacional. Todavía os podéis inscribir. ¡No os la perdáis!

Más información de la obra, aquí.

Martí Casas i Payàs (@Tinet2puntzero)