Usted está aquí

Obra de la semana #202

Ábside de Santa Maria d'Àneu
Lunes, 14 Septiembre, 2020

La obra de la semana es el 'Ábside de Santa Maria d'Àneu' (finales del siglo XI - principios del siglo XII), una obra maestra de la pintura románica catalana atribuida al círculo del llamado Maestro de Pedret.

Las pinturas murales de Santa Maria d'Àneu son uno de los conjuntos pictóricos más antiguos, relevantes y singulares del arte románico catalán. Antes de que entraran a formar parte de la colección del Museu Nacional, estos frescos decoraban el ábside principal de la iglesia de Santa Maria, la parroquia más importante de los valles de Àneu, un territorio pirenaico con personalidad propia situado en el norte de la comarca del Pallars Sobirà, en el camino tradicional que comunica el Pallars con el Valle de Aran por el puerto de la La Bonaigua. Como iglesia más importante del valle, Santa Maria d'Àneu disponía de unas rentas considerables que despertaron el interés del conde Artau I de Pallars, que decidió usurparlas. El obispo de Urgell, de quien dependía el templo, castigó el noble excomulgándolo e impidiendo que fuera enterrado en tierra sagrada. Poco después, la familia de Artau I hizo las paces con el obispado y le devolvió la iglesia en 1088. Es a partir de esta fecha que se cree que el obispo de Urgell, para celebrar la recuperación de su autoridad sobre Santa Maria d'Àneu, decidió decorarla con un ciclo de pinturas basado en un programa iconográfico extraordinariamente rico y complejo.

¿Qué vemos representado en el ábside de Santa Maria d'Àneu? Los frescos se dividen claramente en dos registros: uno superior, ubicado en la vuelta del ábside, y uno de inferior, en el tambor semicircular que rodeaba el altar. En la vuelta absidal, considerada el espacio más sagrado del templo, encontramos representada a la Virgen María entronizada con su hijo Jesús en el regazo con actitud de bendecir. Las humedades han dañado buena parte de la decoración pictórica de la vuelta, de forma que la 'Maiestas Mariae' o Maria en Majestad es visible solo parcialmente, y el niño Jesús apenas se intuye. Aun así, las partes que faltan se pueden restituir a partir de conjuntos similares mejor conservados, como el del ábside de Santa Maria de Cap d'Aran. Las figuras de Maria y el niño Jesús están flanqueadas a ambos lados por tres personajes elegantemente vestidos. El único que hemos conservado íntegramente es el que se sitúa a la derecha del trono y se inclina hacia la Virgen María y el niño ofreciéndoles un presente. Gracias a la inscripción que lo acompaña sabemos que se trata de Melcior. Por lo tanto, en la vuelta del ábside de Santa Maria d'Àneu se ha representado la Epifanía o Adoración de los Reyes, que viajaron desde Oriente hasta Tierra Santa para celebrar la llegada de Mesías o hijo de Dios que tenía que salvar la humanidad. La decoración de la vuelta del ábside se completaba en los extremos con la representación de los arcángeles Miguel y Gabriel. A causa de las pérdidas pictóricas, actualmente solo es visible parcialmente la figura de Miguel, al lado izquierdo de la representación.

En el tambor del ábside, a diferencia de lo que es habitual, no encontramos representadas las figuras de los apóstoles de Jesús sino una escena bastante compleja que constituye una de los grandes hitos de la pintura catalana medieval. El ideólogo del ciclo de Santa Maria d'Àneu ha querido representar y homenajear a  algunos de los principales profetas del Antiguo Testamento que anunciaron la llegada del Mesías salvador que tiene lugar justo encima, en la vuelta del ábside, con la representación de la Epifanía. La escena principal está inspirada en la visión celestial que tuvo el profeta Isaías y está protagonizada por dos monumentales serafines que aparecen representados entre las ventanas del ábside. Los serafines son los ángeles más próximos a Dios y, tal como narra Isaías, son seres divinos con tres pares de alas que purifican la boca de este profeta con el fuego celestial que sostienen con unos muelles, para que a partir de entonces todo aquello que diga sea palabra de Dios. Los serafines purifican la boca del profeta Isaías, situado a mano derecha, y también la del profeta Elías, situado a la izquierda. Elías no tuvo esta visión pero se incluye en esta escena porque es el único personaje del Antiguo Testamento que fue llevado en vida al cielo por un carro de fuego de Dios, una ascensión que ha hecho que haya sido presentado a menudo como una prefiguración de Jesús. Justamente, entre los dos serafines vemos unas ruedas de fuego que hacen referencia tanto al carro de Elías como, sobre todo, a las visiones celestiales del profeta Ezequiel. La compleja iconografía de la parte central del ábside se completa, a la derecha, con una representación del arcángel Rafael y, a la izquierda, con las figuras de dos presbíteros que podrían estar vinculados con el encargo o realización del ciclo pictórico.

Las pinturas de Santa Maria d'Àneu se han vinculado al círculo del Maestro de Pedret, un artista o grupo de artistas vinculados a uno o más talleres itinerantes que decoraron varias iglesias de los Pirineos y Prepirineos catalanes entre finales del siglo XI y principios del siglo XII. El estilo de los frescos vinculados a este círculo destaca por su extraordinaria calidad, su notable naturalismo y su estrecha vinculación a modelos italianos y bizantinos. Esto ha hecho que a menudo se haya considerado que uno o más artífices de este taller o bien provenían de Italia, concretamente de la Lombardia, o bien se habrían formado.

Las pinturas de Santa Maria d'Àneu seran una de las obras protagonistas de la visita sobre 'El arte románico de Les valls d'Àneu' que los Amigos haremos este fin de semana en las salas de románico del museo. Todavía hay plazas disponibles. ¡No os la perdáis!

Más información de la obra, aquí.

Martí Casas i Payàs (@Tinet2puntzero)